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INTERNACIONAL , noticia de Edición
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Los graves disturbios de Karachi podrían ser el comienzo
de la largamente anunciada rebelión contra Pervez Musharraf y su marcada
tendencia a perpetuarse en el poder. Hasta ahora, el general ha capeado
todos los temporales, jugando a ser el aliado de Estados Unidos contra los
talibanes en la frontera con Afganistán, aunque sin presionar tampoco
demasiado a éstos para no irritar a los propios islamistas paquistaníes,
también numerosos. Pero el juego ya no da más de sí y hace tiempo que
Washington prepara el reemplazo del ya agotado «modelo Musharraf» de «dictadura
virtual».
Temeroso de los partidos islamistas, Washington busca el recambio en la
oposición laica, en particular el PPPP (Partido Popular Parlamentario de
Pakistán) de Benazir Butho que, en realidad, representa a la antigua
oligarquía. Las elecciones presidenciales de este año podrían ser la
ocasión para entronizar al PPPP. El problema es que Butho no cuenta con
ningún apoyo en las regiones del país que más interesan a la Casa
Blanca (Waziristán y Beluchistán, donde están los focos pro-Al Qaida),
por lo que en Washington han muñido un pacto contra natura entre Butho y
Musharraf, quien, si modifica las leyes, permanecería como presidente de
un gobierno de coalición.
Y ahí es donde ha surgido una dificultad inesperada. Para rehacer la
Constitución a su antojo, Musharraf forzó en marzo la dimisión del
Fiscal General del Estado, Iftijar Muhammad Chaudhry, por el típico
procedimiento de acusarle de corrupción. Pero Chaudhry ha resultado un
hueso duro de roer. En las últimas dos semanas ha estado encabezando
manifestaciones, inicialmente de simples abogados y jueces, hartos de las
intromisiones del Gobierno en la Justicia, a las que se han ido sumando
otros sectores de la sociedad pakistaní. Éstos incluyen a los partidos
islamistas, entre ellos el pro-talibán de Qazi Hussain Ahmed, pero también
no pocos partidarios del Partido Popular Parlamentario de Pakistán
defraudados por el acercamiento de su líder al dictador. Malas noticias,
pues, para Musharraf, para Washington y para Butho.
Descontento urbano
El mitin de ayer en Karachi, el bastión del descontento urbano contra
Musharraf, iba a ser la apoteosis de esta campaña de un solo hombre
contra todo el sistema. Es por ello que el general parece haber movilizado
a los mamporreros de su propio partido, el MQM, contra los manifestantes
de la oposición, con el resultado esperable: treinta muertos que pueden
ser tan sólo los primeros de este nuevo pulso por el poder en el que,
contra lo que pueda parecer, es el país clave de la política
internacional en estos momentos.